Dulces de conventos, pasión por el torno

Pasear por Sevilla, ensimismado en su belleza, imbuido en el ambiente, distraído con su grandeza, repitiendo esos pasos ya memorizados desde la niñez. Calles donde siempre hemos callejeado encontrando en nuestros pasos mil y una aventuras. Llega un momento en nuestra vida que pensamos que conocemos cada rincón de nuestra ciudad. Estamos tan habituados a vivir en ella que tenemos la certeza de que ya nada nos puede sorprender. Y sin embargo llega el día que un pequeño detalle, un gesto, cualquier matiz es capaz de volcar tanta seguridad.

Andas pensando en tus cosas y de repente un aroma detiene tu camino, un aroma que hace ya mucho no experimentabas. El olor del torno antiguo, del dulce de tu niñez, de esas tardes largas de invierno y brasero ya tan lejanas como el vivir sin móvil.

Tardes de perrunillas, blanquitos, pestiños y torrijas. Tardes cuando se merendaba en familia ¡que tardes aquellas!

Pues el torno del convento sigue obrando, como si el tiempo no pasara, conservando estas divinas recetas elaboradas por las manos artesanas de nuestras monjas, mujeres buenas y honradas, caritativas, honestas….. En ellas puedes confiar, sus productos son lo que nos dicen que son, no hay marketing, ni dobleces, ni subterfugios. Como me dijo una vez un amigo «Las monjas no mienten» y esto es un bién tan escaso en los tiempos que vivimos, que hace que algo tan simple como un dulce de toda la vida, se convierta en algo puro, sublime, colosal¡¡¡¡

¡Un olor irresistible!

Como el sonido de la flauta del de Hamelin, como los cantos de las sirenas, como saber que ya se alumbró la feria de Sevilla, como el olor al incienso de nuestra semana santa, algo así pero a diario, es lo que sentimos cuando el aroma embriagador de los chicharrones, recién hechos en el perol, inundan nuestros sentidos, no hay quién se resista. Una vez que que se cruzan en nuestro camino ya no hay vuelta atrás, siempre formarán parte de nuestras vidas.

Chicharrones fritos (Marca: D`Cabo chicharrones SL)

Los tomes como los tomes, recién hechos calentitos, un rato después ya fríos, cada momento que va pasando le va aportando una nueva textura, una nueva forma de disfrutarlos. Incluso el paso de los días, cuando se van endureciendo, podemos seguir saboreando sus matices, casi como ese jamón ibérico que vamos cortando en casa, poquito a poquito, escudriñando cada rincón de su geografía y descubriendo los sabores escondidos. Que triste sería la vida sin estos chicharrones fritos, generosos compañeros de viaje tabernero¡¡