Dulces de conventos, pasión por el torno

Pasear por Sevilla, ensimismado en su belleza, imbuido en el ambiente, distraído con su grandeza, repitiendo esos pasos ya memorizados desde la niñez. Calles donde siempre hemos callejeado encontrando en nuestros pasos mil y una aventuras. Llega un momento en nuestra vida que pensamos que conocemos cada rincón de nuestra ciudad. Estamos tan habituados a vivir en ella que tenemos la certeza de que ya nada nos puede sorprender. Y sin embargo llega el día que un pequeño detalle, un gesto, cualquier matiz es capaz de volcar tanta seguridad.

Andas pensando en tus cosas y de repente un aroma detiene tu camino, un aroma que hace ya mucho no experimentabas. El olor del torno antiguo, del dulce de tu niñez, de esas tardes largas de invierno y brasero ya tan lejanas como el vivir sin móvil.

Tardes de perrunillas, blanquitos, pestiños y torrijas. Tardes cuando se merendaba en familia ¡que tardes aquellas!

Pues el torno del convento sigue obrando, como si el tiempo no pasara, conservando estas divinas recetas elaboradas por las manos artesanas de nuestras monjas, mujeres buenas y honradas, caritativas, honestas….. En ellas puedes confiar, sus productos son lo que nos dicen que son, no hay marketing, ni dobleces, ni subterfugios. Como me dijo una vez un amigo «Las monjas no mienten» y esto es un bién tan escaso en los tiempos que vivimos, que hace que algo tan simple como un dulce de toda la vida, se convierta en algo puro, sublime, colosal¡¡¡¡

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